El botox es uno de los tratamientos estéticos más conocidos para combatir las arrugas de expresión. Todo el mundo ha escuchado hablar de él pero ¿sabemos realmente en qué consiste?De entre los métodos de medicina estética que se encuentran a disposición de los usuarios que quieren borrar de su rostro el rastro dejado por el tiempo en forma de arrugas, el conocido como botox es uno de los más popularizados y de los más implantados en el imaginario popular. El tratamiento consiste en una inyección de la toxina botulínica –botox es así una abreviatura de la unión de ambas palabras- que mejora el aspecto de las arrugas de expresión de la cara.

El número de personas que consideran este método como algo positivo y eficaz para lograr el propósito para el que fue ideado es tan grande como el de detractores. En muchas ocasiones, las opiniones contrarias a este tratamiento vienen ligadas a un desconocimiento del mismo. Su antigüedad se remonta a finales de la década de los años ochenta del siglo XX, concretamente al año 1989, momento en el que fue autorizada su realización para el tratamiento del blefaroespasmo y el estrabismo. No fue hasta uno o dos años más tarde cuando la utilización de este método se trasladó del campo de la medicina tradicional al de la medicina estética. El motivo que propició este cambio fue el descubrimiento de que, al tratar la zona ocular con botox, las arrugas presentes en la zona de la piel que rodea los ojos presentaban una visible reducción y mejoría. Tras descubrirse este efecto, la Agencia Española del Medicamento autorizó el uso de la toxina botulínica para dedicarla a fines estéticos.

La toxina botulínica se utiliza con fines estéticos para combatir la presencia de las arrugas causadas por el movimiento muscular, las que comúnmente seconocen como arrugas de expresión. El tratamiento consiste en inyectar una dosis de la toxina, suficiente para relajar o paralizar ligeramente el músculo en el que se quiere incidir, impidiendo su movilización y, por consiguiente, evitando la futura aparición de arrugas. La dosis aplicada debe ser la justa para conseguir un resultado evidente pero natural, puesto que si se aporta una cantidad mayor el resultado quedará muy forzado y se traducirá en una cara “congelada”. La precisión no debe darse únicamente en cuanto a lo que a cantidad se refiere, también hay que tener en cuenta que la toxina debe inyectarse en el lugar preciso porque, de inyectarse en otra zona el resultado puede ser diferente al que deseaba conseguir el paciente.La toxina botulínica no rellena las arrugas, inmoviliza los músculos para evitar su aparición.

El botox constituye uno de los tratamientos estéticos antienvejecimiento más famosos y conocidos, además de ser amado y odiado a partes iguales, en muchos casos por desconocimiento, falta de información o acceso a información errónea o insuficiente. Internet suele presentar muchos artículos o páginas web analizando los cambios de los famosos, muchas veces a golpe de bisturí, que la mayoría de la gente suele achacar al botox aunque no tienen por qué ser consecuencia del mismo. La diferencia de la toxina botulínica respecto a otros tratamientos es que ésta no rellena las arrugas sino que produce una relajación del músculo para evitar la aparición de surcos en la piel. Tampoco aumenta el tamaño de los labios ni de los pómulos, únicamente actúa sobre la movilidad muscular de la zona tratada y muy rara vez produce efectos secundarios adversos, que incluirían reacciones alérgicas, rigidez facial o náuseas.

El botox es considerado uno de los tratamientos más efectivos en cuanto a reducción de arugas en el rostro y supone una serie de ventajas respecto a otros tratamientos que persiguen el mismo objetivo. Para empezar, evita la cirugía, consigue eliminar las arrugas faciales sin necesidad de que el paciente tenga que pasar por el quirófano. Es una técnica prácticamente indolora cuyos efectos se notan de forma inmediata y se mantienen en el tiempo durante unos cinco o seis meses antes de necesitar un repaso. Además, no está condicionado por variables atmosféricas ni tiene límites a la hora de realizarse en cualquier época del año.

Por otro lado, alejándonos ya del campo de la estética, el botox tiene otras aplicaciones, más enfocadas a la medicina tradicional. Así, actualmente se utiliza la toxina botulínica en el tratamiento de enfermedades como la hiperhidrosis, por la que el paciente presenta un exceso de sudoración en axilas, manos y pies. La toxina, en este caso, consigue el efecto de disminuir la actividad de las glándulas sudoríparas para regular la cantidad de sudoración. Otras enfermedades cuyo tratamiento incluye el uso de botox son el befaroespasmo (la contracción continuada e involuntaria del músculo ocular), distonías o espasmos. También se han logrado mejorías en personas parapléjicas con problemas de incontinencia urinaria.

El botox es un tratamiento médico y estético relativamente sencillo, que no suele presentar problemas de ningún tipo. De todas formas, para evitar cualquier posible riesgo en su aplicación, es imprescindible ponerse en manos de médicos expertos acreditados por la Consejería de Sanidad. Siempre que nos sometamos a un tratamiento médico es importante contactar con un profesional que nos indique cuál es el mejor método para lograr nuestro objetivo y nos dé una opinión y un trato personalizado.

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